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La terapia vascular como autodefensa contra el burnout

Burnout

La terapia vascular física BEMER estimula el movimiento de bombeo de los vasos sanguíneos más pequeños a través de señales de estimulación transmitidas electromagnéticamente. De este modo, el flujo sanguíneo en la zona de la microcirculación puede volver a normalizarse. Las células del cuerpo se abastecerán mejor y podrán realizar sus muchas tareas. En general, la terapia vascular física BEMER supone una ayuda para los mecanismos de regulación corporales para la prevención, así como para los procesos de regeneración y rehabilitación. La terapia se aplica de manera complementaria para, por ejemplo:

  • Un mejor abastecimiento de órganos y tejidos y, por lo tanto, para la regeneración
  • Una ayuda para el sistema inmunitario
  • Un aumento del rendimiento físico
  • Un aumento del rendimiento mental
  • Una producción de las reservas de energía física y mental

El tratamiento estimula la circulación en los vasos sanguíneos más pequeños, ayudando así al cuerpo en tareas fundamentales, por ejemplo, durante el descanso, el sueño y la regeneración, así como en la producción de reservas de energía física y mental. Se trata de una contribución que no debe subestimarse en el marco de una autodefensa contra el agotamiento o burnout.

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Acerca del burnout

¿Desbordado por el día a día? El camino hacia el burnout

Teniendo en cuenta un reciente estudio de la OCDE, los alemanes deberíamos estar contentos, dado que las cosas en Alemania nunca han ido tan bien como ahora. Mientras que muchos países en crisis sufren una tasa de desempleo récord, en Alemania son más de 42 millones las personas que tienen un puesto de trabajo. Más que nunca. No solo el número de trabajadores ha aumentado en los últimos años, sino que también se han incrementado los sueldos. Mientras que en la Eurozona los ingresos familiares ajustados a la inflación se redujeron aprox. un 2 % entre 2007 y 2013, en Alemania aumentó entorno al 4 % en el mismo período de tiempo. Pero lo que el estudio no menciona es el precio que muchas personas deben pagar por su bienestar. La falta de tiempo, los plazos ajustados y la exigencia de un rendimiento excesivo parecen ser características de muchos puestos de trabajo. Esto se desprende del "Informe de estrés de Alemania de 2012" elaborado por el Instituto Federal de Seguridad Laboral y Medicina del Trabajo (BAuA, por sus siglas en alemán). Para el estudio se preguntó a casi 18.000 trabajadores de todo el país sobre las exigencias psicológicas, cargas y consecuencias del estrés de su trabajo diario. Uno de cada dos alemanes siente la presión del tiempo en el trabajo y se queja de que debe realizar varias tareas al mismo tiempo. Uno de cada cinco se siente completamente desbordado. Lamentablemente, el miedo al fracaso, el perfeccionismo y la sobreestimulación forman parte del día a día de muchas personas. Pero, ¿qué ocurre cuando el estrés determina la vida y uno no puede escapar de ese engranaje de agotamiento físico, mental y espiritual completo? El camino hacia el burnout no queda lejos. Especialmente en los países occidentales industrializados, el burnout se ha convertido en una enfermedad generalizada evidente. Sentirse quemado y no estar preparado para el estrés o la presión constante en el trabajo. El número de personas que padecen burnout es cada vez mayor. Sin embargo, no sería correcto relacionar el burnout únicamente con las condiciones laborales. Nuevos estudios muestran que incluso las personas que no están en activo muestran síntomas de burnout. Por lo tanto, no solo el estrés laboral influye, sino que, posiblemente, los conflictos privados son también responsables de ello.

¿Qué es el burnout?

El término "burnout" fue utilizado por primera vez por el psicoterapeuta estadounidense Herbert Freudenberger. Con él describía su estado en los años 70, después de haber trabajado durante mucho tiempo por encima de sus fuerzas. Se sentía quemado, desbordado y totalmente agotado. Así, el término "burnout" se traduce a menudo como "estar quemado". En definitiva, el "burnout" es un estado de "agotamiento" físico y emocional. Las personas que padecen burnout presentan síntomas como la falta de fuerzas, insomnio y cansancio. Esto viene acompañado de una presión de tiempo y rendimiento, así como de una incapacidad de desconectar en el tiempo libre. A menudo se relaciona también con la sensación de recibir muy poco reconocimiento por el trabajo realizado. En total, significa una pérdida de la calidad de vida y de la alegría de vivir. Esto es lo más peligroso del burnout: que los síntomas asociados pasan desapercibidos en un primer momento y se desarrollan a lo largo de un período de tiempo prolongado. Así, el burnout no se anuncia, sino que sucede durante un proceso lento que se caracteriza por diferentes fases.

Fases del burnout

En la ciencia, existe una serie de clasificaciones y descripciones para la secuencia de fases del burnout. Así, por ejemplo, el ya mencionado psicoterapeuta estadounidense Herbert Freudenberg, describió la secuencia en un ciclo de doce etapas. Otros psicólogos, expertos en burnout, terapeutas y médicos dividen los ciclos de otro modo. Esto podría deberse a que, en la práctica, las fases no están claramente diferenciadas, sino que se mezclan o superponen. Así, por ejemplo, una persona que padezca burnout puede encontrarse en varias fases/etapas simultáneamente. Además, según la CIE (Clasificación internacional de enfermedades) el síndrome de burnout no es una enfermedad de por sí, sino que es más bien un problema sobre cómo hacer frente a la vida. Por otro lado, la delimitación entre el síndrome de burnout y la depresión no siempre es claramente identificable. Por lo tanto, la siguiente clasificación de la secuencia de fases no tiene ninguna pretensión de universalidad, aunque, sin embargo, puede describirse como típica: Primera fase de burnout: sensación de ser indispensable, sensación de falta de tiempo, represión de las necesidades propias, hiperactividad. También las primeras muestras de agotamiento y cansancio se hacen evidentes. Segunda fase de burnout: sensación de poco reconocimiento, sensación de desilusión, acumulación de ausencias laborales, trabajar según las normas, cambio hacia actividades de ocio. Tercera fase de burnout: retirada emocional, cambios de humor, irritabilidad, sentimiento de culpa, vacío interno, desinterés incluso hacia las actividades de ocio, deterioro de la vida social, sentimiento de soledad. Cuarta fase de burnout: primeras reacciones psicosomáticas, por ejemplo, trastornos del sueño, tensión muscular, debilitamiento del sistema inmunitario y dolores de cabeza. A menudo se presentan también alteraciones de los hábitos alimentarios, riesgo de un abuso de alcohol y fármacos, mayor acceso a sustancias estimulantes como tabaco, café, etc. Quinta fase de burnout: actitud negativa hacia la vida, falta de perspectiva, sensación de falta de esperanza y sentido, desesperación, pensamientos suicidas.

¿Qué hacer en caso de burnout?

Lamentablemente, no existe ninguna terapia estándar que pueda actuar contra el burnout o que pueda devolver la salud a una persona afectada. El motivo es que el desarrollo de un burnout siempre es una reacción personal a las exigencias del puesto de trabajo (y, dado el caso, en el ámbito privado). Sin embargo, a la persona afectada se le ofrecen una serie de terapias, por ejemplo, terapias de diálogo, programas para la asimilación de conflictos, formación cognitiva conductual, seminarios de administración del tiempo, etc. Pero en la etapa tardía siempre debe considerarse la ayuda por parte de un médico especialista y, dado el caso, también en forma de asistencia hospitalaria. Sin embargo, si el estado de agotamiento físico y psíquico no está demasiado avanzado, uno puede seguir autocontrolándose lo suficiente y asumir la responsabilidad sobre sí mismo y sobre su cuerpo. Aquí, en primer lugar, deberán examinarse dos cosas: las expectativas en uno mismo y en su propia ambición. Resulta también útil identificar y abandonar las expectativas poco realistas. También uno puede llegar a la conclusión de que cambiar de trabajo puede resultar útil. Sin embargo, si esto no fuera factible, uno debería preocuparse al menos de tener tiempo libre suficiente. En cualquier caso, es importante volver a encontrar un estilo de vida saludable y ordenado e intentar recuperar el equilibrio físico y mental. Sin embargo, esto es especialmente complicado si ya han aparecido las reacciones psicosomáticas ya mencionadas, por ejemplo, trastornos del sueño, tensión muscular, debilitamiento del sistema inmunitario y dolores de cabeza. Pero, también en este caso, al preguntarse "¿qué hacer en caso de burnout?" existe la posibilidad de tratamiento. Básicamente se trata de activar y fomentar el poder curativo del cuerpo humano. Para ello, debe saberse que el sistema inmunitario del cuerpo humano es una red compleja que, con ayuda de un sofisticado sistema de defensa, detiene aprox. el 90 % de todas las infecciones o muchos otros ataques a nuestra salud. Parte de este complejo mecanismo de defensa son los glóbulos blancos, los llamados leucocitos. Se producen prácticamente en todo el cuerpo y, en caso de infección o cualquier otro ataque a nuestra salud, son controlados por proteínas de información o neurotransmisores. Sin embargo, el sistema inmunitario no es invulnerable. Se ve afectado por enfermedades e infecciones, así como por alcohol, drogas, falta de sueño o mucho estrés. El sueño también es parte fundamental del poder curativo. Las investigaciones más recientes han mostrado que durante la noche tiene lugar una redistribución de la sangre en el organismo. Así, los procesos inmunológicos durante la fase de sueño nocturna tiene una importancia mucho mayor de la que se pensaba hasta ahora. Una posibilidad de tratamiento prometedora para movilizar el poder curativo es la terapia vascular física BEMER.